Archive for the ‘Memorias del Barrio Goes’ Category

Resumen anual de actividades 2012 en nuestro blog

25/01/2013

Gracias a todos/as ustedes por acompañarnos durante todo el año 2012,  donde hemos compartido nuestras actividades.

– Nuestro blog recibió 18.000 vistas durante el año.

– Nuestros lectores  provinieron de 48 países diferentes y el top de países seguidores fueron: Uruguay, Argentina, y España.

– El artículo más popular fué:  El mundo comienza en EL BARRIO: Campaña “Circuito Limpio”.

Saludos y gracias a todos/as y cada uno/a por acompañarnos.

El Barrio Goes por Charma Furman

15/08/2012

GENERAL FLORES, EL EJE DE GRAN PARTE DE MI VIDA

 Puede decirse que la avenida Gral. Flores era el eje, pero sobre todo había un punto de la avenida que era el centro propiamente dicho, la Joyería Splendid, propiedad de mi padre, que estaba entre las calles San Fructuoso, (hoy Carlos Reyles) y Domingo Aramburu.

Mi vida y la de toda la familia, más allá de mis padres y hermano, se centraba en ese salón alargado, con mostradores vidriados que mostraban a los ocasionales clientes la mercadería.

Y en el fondo, antes de pasar a la zona reservada, se erguía un alto mueble de madera, con un banco donde en general mi madre o mi padre se sentaban a custodiar la caja donde se guardaba el dinero recaudado ese día.

Cerca había una silla y un teléfono. La silla era ocupada por las visitas, o los familiares, nosotros, o mi abuela que venía a conversar, o mi tía que venía a tomar el mate de la tarde, o alguna clienta de confianza que deseaba descansar.

La zona reservada era donde mi padre y un empleado arreglaban los relojes, haciendo uso de aquel oficio con el lente encajado en un ojo, hoy en extinción por el avance de los relojes a pila descartables.

Mi padre y mi madre eran personajes conocidos en todo el barrio. Yo nací a principios de la década del 40 y ya existía la joyería. No se exactamente desde cuando y allí estuvo hasta 1985 cuando mi padre aceptó el pedido de la familia, varias veces rechazado de cerrar el comercio y por fin jubilarse. Por lo tanto mis recuerdos de Gral. Flores abarcan casi 45 años, y acompañaron varios períodos de la vida y sucesos del barrio.

Conocí su exitosa etapa de paseo de compras, de confiterías, de cine, de corsos de carnavales inolvidables, de multitudes la noche del 5 de enero comprando los regalos de reyes, noche que varias veces convirtió el paseo en una fuerte riada tras chaparrones que concentraban agua que llegaba a entrar a los comercios cercanos a la esquina con San Fructuoso y los jóvenes aprovechaban para refrescarse de los calores del pleno verano montevideano. La noche del 5 de Enero, era una noche esperada, no sólo por lo regalos que aparecerían a la mañana siguiente, sino porque se convertía en una reunión familiar completa en la joyería, con pizzas y refrescos del Bar Caballero, que hasta hoy tiene sus puertas abiertas, pero ya no están sus dueños de aquellos años, una familia gallega, nuestros vecinos por mucho tiempo.

Pegado a la joyería estaba el salón de lustrado de zapatos y venta de loterías y quinielas de la familia Yeno, de origen italiano quienes la fundaron con sus tres hijos que allí trabajaban.

Y más allá, en la esquina, estaba La Flor de Goes, restorán donde se podía comer comida de olla, pero no recuerdo si tenía o no parrilla.

Cruzando San Fructuoso había otro bar, cuyos dueños también eran gallegos, y cruzando la avenida estaba la hermosa confitería La Magnolia, donde tomábamos helados y donde después de algunos años se construyó un edificio para Banco, que cambió varias veces de propietarios, que sigue existiendo hasta ahora.

Las décadas gloriosas fueron las del 40 y 50, cuando La Magnolia y El Timón, eran lugares de juntarse a tomar algo luego del paseo de compras o de vidrieras. El Timón  hoy está allí, pero ya no tiene mesitas para sentarse a tomar el te con masas. Recuerdo que antes de llegar al cine Lutecia había otra confitería donde con mis amigas ya adolescentes, comprábamos exquisiteces para la merienda de los sábados, que se tomaba en mi casa en general.

Y hablando del cine Lutecia, por los años 40 y pico, era el lugar de maravillas para los niños y niñas del barrio. Los domingos de mañana eran para ir a ver cine baby, lo que hoy es tan cotidiano a través de la TV cable.

Todo se podía conseguir en la Avenida Gral Flores, porque tenía comercios de todos los ramos, la ropa, los zapatos, los medicamentos, los artículos de ferretería y bazar. Solíamos  salir a caminar y mirar vidrieras.

Hablando de medicamentos, no se cuando fue que desapareció la Farmacia Líster. Siento como que se esfumó, así como Nelson, el empleado de confianza que nos atendía y que muchos años después, alrededor de 1990, lo seguí viendo cuando cobraba su jubilación los mismos días en que llevaba a mi madre a la sucursal del BPS que estaba pasando Domingo Aramburu, por la acera de enfrente. Esos días en que mi madre cobraba su jubilación allí y mi padre ya había fallecido; eran perfectos para  tomar un cortado y comer un sándwich caliente en el Bar Vaccaro, que sigue allí tan campante, no se desde cuando y no me puedo imaginar que no siga allí por siempre.

Pero me saltée muchos años y muchos recuerdos.

El centro sin duda alguna del barrio era la Estación Goes, donde los tranvías entraban a descansar junto con sus guardas y choferes.

Salgo del barrio un momento para marcar una fecha: fue en 1953, cuando desaparecieron los tranvías. Creo que sólo quedó un tiempito más el que cruzaba la Barra del Santa Lucía.

Volviendo a Goes, debo ubicar los lugares donde viví, siempre cerca aunque por algunos años no dentro precisamente del barrio.

Nací en casa de una partera que atendía en la calle Blandengues, a una o dos cuadras de Gral. Flores. Todavía no era costumbre parir a los niños en hospitales. Y me instalaron en el apartamento donde viví hasta 1948, ubicado en Vilardebó entre José L. Terra y Guaviyú, hoy Ramón del Valle Inclán.  De esa época, tengo preciosos recuerdos, de los juegos con las amigas de la cuadra, de las fogatas de Noche Buena para quemar el judas.

En la otra cuadra estaba la plaza llamada entonces “la piscina” nunca supe porqué. Después de haberme mudado de ese apartamento, y no se cuando, la plaza desapareció con la construcción del club deportivo Goes.

En la esquina aprendí piano, y desde la ventana donde yo aporreaba las teclas veía “la piscina”

Mis caminatas por Guaviyú o por José L. Terra eran diarias en los dos últimos años de mi vida en ese lugar, pues iba de mañana a la escuela Zhitlovsky, donde aprendí el idioma idish y muchos valores de hermandad, de solidaridad, pues la institución siempre fue y sigue siendo progresista, pero esa casa en San Fructuosos no existe más. Y tengo un recuerdo terrible de esas caminatas, en los años cuando no se podaban los árboles,  se desprendían unos bichos peludos verdes que me daban mucho miedo.

Hablando de miedo en el barrio Goes, de aquella época, sería a fines de la década del 40, eran las invasiones multitudinarias de langostas, cubrían las calles, las casas, todo, y desaparecieron luego, supongo que por los avances en la tecnología agropecuaria.

En José L. Terra y Concepción Arenal estaba la vieja sede de la Mutualista Israelita del Uruguay, con su farmacia al lado. Era un centro de concurrencia obligada para los miembros de la colectividad que vivían en el barrio, y mío por supuesto.

También desde 1947 concurría por las tardes a la escuela pública José E. Rodó, eso me hacía salir unas cuadras del barrio, hacia el vecino Reducto. A los 2 años, nos mudamos hacia el Reducto, pero el centro de la vida familiar seguía siendo la joyería.

Todas las mañanas íbamos con mi padre a la hora que él abría el comercio y yo me iba a la escuela Idishe, y a medio día volvíamos a almorzar a casa y luego yo me iba a la escuela pública y él volvía a la joyería. Era una época en que los comercios cerraban a medio día y abrían nuevamente por la tarde.

Pero en 1955 volví al querido barrio, pasamos a vivir en Marcelino Sosa entre Guadalupe y Rivadavia. Ya iba al liceo Bauzá y luego a preparatorios en el IAVA, y tenía que viajar en ómnibus pues iba fuera del barrio. Pero la vida cotidiana seguía siendo en Goes. El resto de mi familia vivía en el barrio Reus, hoy conocido por “barrio de los judíos”. Las compras, las visitas familiares, las amigas de mi adolescencia, todo seguía estando dentro de los límites de Goes.

En 1970 me casé y mi nueva vivienda estaba un poco más lejos.

Pero claro, volver a la casa de mamá o al comercio de papá era de casi todos los días, más cuando aparecieron los nietos. El centro seguía siendo Goes. Y Había un hilo conductor permanente: el ómnibus 163 siempre me llevaba y traía desde y hacia mis casas más alejadas. Y siempre a la playa Pocitos, que constituyó en los años de niñez y adolescencia el paseo de todas las tardes de verano. Hasta que mis padres hicieron en 1968 la casita en Las Toscas, cuando los montevideanos de clase media comenzamos a veranear fuera de la ciudad.

Hay un paréntesis entre esos años y hoy, ya en pleno siglo XXI, en el que la joyería se cerró, mis padres envejecieron, luego murieron, y la calle Gral Flores perdió aquella vitalidad, y se transformó en un centro de venta de muebles.

Y hoy, ya muy veterana, jubilada, y con ganas de volver al barrio, soy concejala del CCZ3. Espero devolver al barrio por lo menos algo de todo lo que me dio.

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Recuerdos compartidos por la Arq. y Concejala  del Concejo del CCZ Nº 3  Charma Furman

Además de madre abuela y vecina desde siempre del barrio Goes.

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La plaza de las Carretas – Por Juan Carlos Patrón

06/03/2012

“En todos los países del mundo, los caminos de acceso a la capital van sembrando prosperidad a sus costados. A lo largo del viejo camino Juan de Toledo, vía de entrada de los productos de la campaña, fueron apareciendo almacenes, pulperías y postas para mudar los caballos. El General Flores ordenó construir un mercado para concentrar el intercambio de los productos agropecuarios. Y así fue que en 1866 empezó a funcionar un nuevo mercado de frutos en la Plaza Sarandí, en el terreno de cuarenta mil varas que los señores…..hermanos habían canjeado por otro contiguo, de cuarenta y cinco mil varas, adquirido durante el gobierno de Berro para este destino. El valor de los conjuntos movilizados en el año 1866, por los vendedores en las Plazas Sarandí )de las Carretas) y Treinta y Tres ascendió a $4085.059” (E. Acevedo, Anales históricos T3).

“El cuadrilátero inicial que dio nacimiento a la plaza ocupaba sus manzanas que tenían los siguientes límites: por el este la calle José L. Terra, por el Oeste Marcelino Sosa, por el sur Yatay y por el norte Segunda Uruguayana, después Isidoro de María, Goes la atravesaba por el centro, dividiéndola en dos partes iguales. Los cuatro lados de la plaza estaban rodeados por una doble hilera de añosos paraísos, algunos de los cuales eran tan gruesos que no podían ser abrazados por un hombre. A la sombra de los frondosos árboles descansaban los bueyes y los caballos, y se defendían del sol las viejas carretas.

Alrededor del cuadrilátero inicial pronto se construyeron edificios rudimentarios aunque imprescindibles para atender las necesidades de la plaza, barracas para resguardar los frutos del país de las inclemencias naturales: agua, viento y ladrones. Y también de las pacíficas pero terriblemente glotonas palomas, que no se conforman con los granos de trigo o maíz desparramados en las cargas y descargas, y con sus picos atravesaban la arpillera de las bolsas. Fondas y posadas para comida y cama de troperos y carreteros. Corralones para protección de bueyes  y caballos, sobre todo en invierno. Pulperías para diversión nocturna de los que habían trabajado de sol a sol. El patacón quemaba en el bolsillo. Mientras corrían los vasos de vino, caña y ginebra. Los payadores campesinos rivalizaban con los cantores compadritos del suburbio montevideano. Y muchas veces el contrapunto terminaba en duelo criollo, dentro del círculo inmóvil que formaban los espectadores respetuosos. Y nunca faltaba quien cubriera la mueca de la muerte en la cara del vencido con el luto piadoso de un gacho negro.” Pg 21

Patrón, Juan Carlos, “Goes y el viejo café Vacaro, Crónicas”, Colección libros populares Nº 24, Editorial Altea, Montevideo, s-d.

El camino Juan de Toledo – Por Juan Carlos Patrón

06/03/2012

“Mucho antes de la independencia nacional, lo que hoy es Goes estaba atravesado por un camino de tierra, “sinuoso, salpicado de pantanos y marginado de pitas y tunas”, recuerda Juan Carlos Pedemonte. “Se llamaba camino de Juan de Toledo. Sin duda tomaba el nombre de un vecino que se había afincado en las soledades cercanas al arroyo. El camino cruzaba chacras y ladrillerías. Pero sobre todo descampados inmensos. De tanto en tanto, un rancho. Y más escasamente una azotea. Una de éstas es la casa solariega donde hace más de un siglo vino al mundo uno de los Viscas. Otrora antigua pulpería que se llamaba casa de Don Irigoyen, estaba donde se inicia la cuesta del Cerrito”.” Además de pulpería era almacén, botica, tienda, zapatería y, para decirlo de una vez, negocio de ramos generales. Durante la Guerra Grande quedó dentro del territorio del Gobierno del Cerrito. El vasco Irigoyen era un blanco apasionado por Oribe.”

“1840, 2 de febrero nace Pedro Visca en una azotea cercana al Camino Goes.”

Patrón, Juan Carlos, “Goes y el viejo café Vacaro, Crónicas”, Colección libros populares Nº 24, Editorial Altea, Montevideo, s-d.

El Barrio Goes: “Los límites y el rasgo característico” – Por Juan Carlos Patrón

06/03/2012

“Goes, mi barrio, está limitado al sur por el Palacio Legislativo, al norte por la llanura que sigue al repecho dela Figurita, al oeste por los viejos jardines del Reducto, y al este donde termina el Barrio Reo, el de las “casitas iguales” y “buhardillas parisinas” que enternecieron a Roberto Fugazot y una tarde, de un solo silbido, volcó su emoción en la melodía de un tango que cantó Gardel.

Hace más de un siglo, empezó a funcionar, allá por 1866 enla Plaza de las carretas, un mercado de frutos del país. Allí, criollos, italianos, españoles y franceses vendían maíz y compraban trigo, ofrecían  cueros y pedían precios por yuntas de gallinas, sin perjuicio de permutar quesos y frutas por huevos, liebres y perdices. Todos se ganaban la vida laboriosamente, con orgullosa y tenaz independencia. Y en ese entrevero comercial, sin más ley que la costumbre ni otro documento que un apretón de manos, aprendieron a ser responsables de su propio destino y a no sujetarse a la voluntad ajena. Pienso que este rasgo define la personalidad de Goes, demostrada al cabo de varias generaciones voluntariosas e incansables, dominadas – hoy como ayer- por el afán de progresar”

Patrón, Juan Carlos, “Goes y el viejo café Vacaro, Crónicas”, Colección Libros Populares Nº 24, Editorial Altea, Montevideo, s-d.